La formación culinaria enfrenta un desafío único: preparar a futuros chefs para una profesión que combina la creatividad y la pasión con un entorno laboral históricamente marcado por altas presiones, largas jornadas y condiciones que, en muchos casos, afectan tanto el bienestar físico como mental de quienes se dedican a ella.
En el CIB · Culinary Institute of Barcelona se realizan unas sesiones llamadas “Real Life” en las que se abordan de manera directa la realidad profesional que espera a los estudiantes, con el objetivo de crear una nueva generación de profesionales conscientes, resilientes y comprometidos con la dignificación del sector.
Durante mucho tiempo, la formación culinaria se ha centrado en perfeccionar técnicas, recetas y habilidades específicas, dejando de lado aspectos esenciales de la vida profesional del chef. Esta desconexión entre el aprendizaje en las aulas y las condiciones laborales reales ha generado, en muchos casos, expectativas poco realistas y profesionales desinformados que enfrentan con sorpresa y frustración los desafíos de la industria.
En un entorno donde las largas jornadas laborales, el estrés, la discriminación y las dinámicas tóxicas pueden ser frecuentes, no es suficiente que los futuros chefs dominen técnicas culinarias avanzadas. Es imperativo que también comprendan cómo manejarse en este contexto y, aún más importante, cómo trabajar para transformarlo.
En el CIB nos hemos dado cuenta de que es difícil encontrar sesiones en las que se puedan poner sobre la mesa estas realidades y se puedan verbalizar. Los centros educativos tenemos la responsabilidad, no solo de enseñar la profesión, sino de proporcionar recursos para poder afrontar los retos.
En este sentido, las sesiones como las impartidas en el CIB van más allá de la enseñanza técnica. En ellas, los estudiantes no solo escuchan experiencias reales, sino que también reflexionan sobre las implicaciones personales y profesionales de lo que significa ser un chef en el contexto actual. Estas sesiones tienen un impacto significativo por varios motivos:
El movimiento ¡No, Chef! , promovido por el CIB, se alinea perfectamente con esta filosofía. Este movimiento busca dignificar la profesión culinaria, denunciando las dinámicas tóxicas que han sido normalizadas en muchas cocinas profesionales. A través de su compromiso con una cultura laboral más justa y humana, ¡No, Chef! destaca la importancia de romper con prácticas nocivas y reimaginar el rol del chef en la sociedad contemporánea.
Incorporar los principios de #NoChef en la educación culinaria amplifica el impacto de estas sesiones, conectando a los estudiantes con una causa mayor: la transformación de la industria. Las escuelas que adoptan esta filosofía no solo preparan a los alumnos para ser chefs técnicamente competentes, sino que también los forman como líderes comprometidos con un cambio positivo.
Una de las razones por las que estas sesiones son tan valiosas es que están llenas de historias reales. Escuchar a profesionales hablar sobre cómo enfrentaron desafíos personales y laborales ayuda a los estudiantes a entender que detrás de cada estrella Michelin o de cada plato perfecto hay sacrificios, errores y aprendizajes. Estas narrativas humanizan la profesión y ofrecen una perspectiva enriquecedora que ningún libro de texto puede proporcionar.
Además, estas historias inspiran a los estudiantes a encontrar su propia voz y propósito dentro del sector. Les muestran que es posible enfrentar adversidades y que, con el tiempo y el esfuerzo adecuado, pueden contribuir al cambio cultural que la industria necesita.
Las sesiones orientadas a reflejar la vida real no son solo un recurso pedagógico; son una herramienta transformadora. Al desafiar a los estudiantes a cuestionar el statu quo, a reflexionar sobre sus propias expectativas y a comprometerse con la mejora de la industria, estas sesiones sientan las bases para un cambio significativo en el sector culinario.
El impacto de este enfoque se extiende más allá de las aulas. Profesionales bien preparados y conscientes no solo desempeñan mejor sus roles, sino que también inspiran a otros a seguir su ejemplo. Así, el cambio comienza desde dentro y se expande a través de los equipos, las cocinas y, eventualmente, la industria en su conjunto.
En un mundo donde la gastronomía es un reflejo de la cultura y la sociedad, formar a chefs conscientes, resilientes y comprometidos no solo mejora la calidad de la cocina, sino que también contribuye a dignificar una profesión que merece ser valorada y respetada. La verdadera excelencia culinaria no solo está en el plato, sino también en la forma en que se vive y se trabaja para crearlo.