A veces, aunque tomamos decisiones siendo conscientes de qué es lo que queremos cambiar, estamos caminando, de forma inconsciente, hacia un cambio más profundo y trascendental: la forma en que una persona entiende su lugar en el mundo.

Para Kiya Alexis, una de esas decisiones llegó cuando comprendió que el camino que había elegido al salir del instituto no era el suyo. Tras varios años estudiando Urbanismo en Canadá, decidió detenerse y escuchar una intuición que llevaba tiempo reclamando espacio: la necesidad de construir una vida más alineada con aquello que realmente la inspiraba. Lo que vino después fue un viaje de descubrimiento personal y profesional que la llevó a explorar diferentes países, culturas y formas de entender la gastronomía hasta encontrar su verdadera vocación.

Fue durante una etapa en México cuando la cocina dejó de ser un interés para convertirse en un proyecto de vida. Fascinada por la riqueza cultural y gastronómica del país, decidió dar el siguiente paso y profesionalizar su pasión estudiando en el Culinary Institute of Barcelona (CIB), una escuela cuya visión contemporánea de la gastronomía, el emprendimiento y la creatividad encajaba perfectamente con sus inquietudes.

Hoy, Kiya es copropietaria de Bar Nøė, uno de los proyectos gastronómicos más singulares de Barcelona, un restaurante en el que la cocina, la creatividad y la hospitalidad conviven en un ambiente cercano y familiar. Lo más sorprendente es que la vida que construye actualmente se parece mucho a la que imaginó cuando presentó su candidatura para estudiar en el CIB. En aquel momento escribió que soñaba con vivir en un lugar interesante, empaparse de la cultura local y cocinar comida fresca y sostenible para personas que le importaran. Pensaba que necesitaría una década para conseguirlo. Sin embargo, apenas cinco años después, ya estaba viviendo exactamente esa vida.

Llegó el momento de convertir su pasión en profesión

Aunque Kiya había trabajado en hostelería desde muy joven y acumulaba experiencias en ciudades tan diferentes como Toronto, Londres o Ciudad de México, fue precisamente durante su estancia en México cuando decidió que quería dedicarse profesionalmente a la gastronomía.

La riqueza culinaria del país y la oportunidad de trabajar junto a una chef que la inspiró profundamente despertaron en ella una nueva forma de entender la cocina. Lejos de verla únicamente como una disciplina técnica, comenzó a descubrir un universo en constante evolución, donde siempre hay algo nuevo que aprender, explorar o cuestionar. «Pensé: esto es inagotable. Nunca voy a poder saberlo todo», recuerda. Y precisamente ahí encontró una de las cosas que más le atraían de la cocina: la posibilidad de seguir aprendiendo durante toda la vida.

Con la decisión tomada, empezó a buscar una escuela que encajara con su manera de entender la profesión. El Culinary Institute of Barcelona llamó su atención por una razón muy concreta: no solo enseñaba a cocinar, sino que planteaba una mirada contemporánea sobre la profesión. La creatividad, la innovación, el emprendimiento y la sostenibilidad ocupaban un lugar central en el programa, una visión que conectaba con las inquietudes que Kiya ya tenía entonces sobre el futuro del sector.

«Sentía que el CIB estaba preparando a los estudiantes para la realidad de la industria gastronómica del futuro», explica.

Su llegada a Barcelona estuvo marcada por la ilusión de comenzar una nueva etapa. Más allá del reto que suponía estudiar en un enclave gastronómico tan singular, Kiya recuerda aquellos meses con entusiasmo y curiosidad. Para ella, el programa PCAC · Chef de Alta Cocina representaba una oportunidad para profundizar en su pasión y compartir experiencias con personas que, como ella, habían decidido apostar por la gastronomía. Había encontrado el lugar donde convertir una pasión en una profesión.

Hoy, varios años después, sigue reconociendo en su trabajo muchas de las enseñanzas que adquirió en el CIB. Especialmente aquellas relacionadas con la creatividad y la colaboración. Aprender a escuchar otras perspectivas, encontrar soluciones cuando aparecen los bloqueos creativos o desenvolverse bajo presión son herramientas que continúan acompañándola en su día a día.

Porque si algo aprendió durante su formación es que las mejores ideas rara vez nacen en solitario. Surgen cuando existe la confianza suficiente para compartirlas, desarrollarlas y hacerlas crecer junto a otras personas. Una forma de trabajar que sigue aplicando hoy en Bar Nøė, donde la creatividad, la colaboración y la capacidad de adaptación forman parte del día a día.

 

Bar Nøė: de clienta enamorada a copropietaria

La historia de Kiya con Bar Nøė empezó mucho antes de formar parte del equipo. Al principio, era una clienta más. O quizá no exactamente una más: ella misma reconoce que se convirtió en una auténtica admiradora del restaurante desde la primera vez que lo visitó.

Le fascinaban la comida, la creatividad de la propuesta y la manera en que cada plato parecía tener una intención detrás, muy valorados también por la escena gastronómica barcelonesa. A Kiya también le atrajo algo menos tangible, pero igual de importante: la atmósfera del espacio. Bar Nøė tenía esa calidez difícil de fabricar, una energía familiar que hacía que el cliente se sintiera parte de algo. Así que durante casi un año, Kiya escribió al equipo del restaurante con la esperanza de poder trabajar allí. Quería aprender de cerca, formar parte de aquel proyecto y absorber todo lo que sucedía dentro de esa cocina. Cuando finalmente tuvo la oportunidad de incorporarse, la conexión fue inmediata. Desde el primer día sintió que aquel era un lugar donde podía crecer.

Kiya se convirtió en copropietaria de Bar Nøė, un paso que llegó en un momento clave de su carrera. Ella misma reconoce que el proceso ha sido intenso: nunca antes había gestionado un restaurante y, al mismo tiempo, todavía se considera una chef en pleno desarrollo. Ese doble rol exige una capacidad constante de adaptación.

En Bar Nøė, Kiya no solo se centra en la cocina. También aprende a tomar decisiones, a entender el ritmo real de un restaurante y a sostener la experiencia que vive cada persona que cruza la puerta. Para ella, que un cliente disfrute de la comida no lo es todo. La mitad del juego, como explica, está en hacer que los clientes se sientan bienvenidos, cuidados y con ganas de volver.

En ese camino, su paso por el CIB ha sido una base importante. La escuela le ayudó a entrar en el mundo profesional con una mentalidad abierta, preparada para aprender y dispuesta a buscar soluciones incluso cuando el ritmo de la cocina aprieta. También le enseñó a no tener miedo a pensar diferente, a proponer ideas y a entender que la creatividad necesita espacio para desarrollarse.

Durante sus primeros meses como copropietaria, Kiya se sintió como una esponja. Absorbía información, observaba el funcionamiento del restaurante y trataba de encontrar su lugar dentro de un proyecto ya vivo. Ahora empieza a sentir que todo ese aprendizaje se ordena. Las experiencias acumuladas y las personas que ha conocido comienzan a aparecer de forma natural en su propia manera de cocinar.

 

CIB y Kiya: un vínculo que continúa creciendo

Uno de los aspectos más especiales de esta nueva etapa para Kiya ha sido volver a conectar con el CIB desde una perspectiva completamente diferente. Si hace unos años era ella quien llegaba a Barcelona para aprender, hoy forma parte de los profesionales que acompañan a nuevos estudiantes en sus primeros pasos dentro del sector.

Bar Nøė ha incorporado recientemente a Daniel Trias, graduado del CIB y primer estudiante en prácticas que se une al equipo gracias a la relación entre la escuela y Kiya. Para ella, la experiencia está siendo muy positiva.

Destaca especialmente su actitud, sus ganas de aprender y la curiosidad con la que afronta cada jornada. «Llega cada día motivado, hace preguntas y siempre está experimentando con cosas nuevas», explica.

Ver cómo nuevos talentos comienzan a construir su camino profesional le recuerda sus propios inicios y refuerza algo en lo que siempre ha creído: el futuro de la gastronomía depende de seguir creando espacios donde las nuevas generaciones puedan crecer, aprender y desarrollar su creatividad.

 

Un sueño en el horizonte: abrir las puertas a la próxima generación de chefs

Acompañar a jóvenes profesionales como Daniel también ha hecho que Kiya vuelva a conectar con una idea que lleva años acompañándola. Cuando llegó al CIB ya tenía una visión muy clara de lo que le gustaría construir algún día: soñaba con crear un espacio donde los chefs emergentes pudieran desarrollar su creatividad, diseñar sus propios menús y compartir aquello que les inspira en los inicios de su trayectoria profesional.

La idea surgía de una realidad que ella misma había observado durante sus primeros años en la profesión. Para muchos cocineros jóvenes, los primeros pasos suelen estar marcados por la necesidad de aprender, seguir procesos establecidos y adaptarse a la dinámica de una cocina profesional. Una etapa fundamental, pero que a menudo deja poco margen para la expresión personal. Por eso imaginó un proyecto diferente: una plataforma donde nuevas voces pudieran encontrar visibilidad, confianza y oportunidades para mostrar su talento. Un lugar donde la creatividad no fuese un privilegio reservado a unos pocos, sino una herramienta para crecer y para darse a conocer.

Aunque hoy su energía está centrada en Bar Nøė, esa visión sigue muy presente. De hecho, la experiencia que está viviendo actualmente como copropietaria le permite entender mejor que nunca qué significa construir un proyecto gastronómico sostenible, reunir a las personas adecuadas y crear una cultura de trabajo donde las ideas puedan florecer.

Y quizá eso sea lo más bonito de esta historia: que muchos de los sueños con los que llegó al CIB ya forman parte de su realidad. Sin embargo, todavía conserva la misma curiosidad, la misma ambición y las mismas ganas de abrir puertas a quienes vienen detrás. Para Kiya, el éxito nunca ha consistido únicamente en llegar. También consiste en ayudar a otros a encontrar su propio camino.

El consejo de Kiya para quienes sienten que están en el camino equivocado

Cuando Kiya recuerda la decisión de abandonar los estudios de Urbanismo, recuerda lo difícil que fue admitir que el camino que había elegido no la hacía feliz. Había invertido años de esfuerzo en aquella formación y procedía de una familia con una fuerte tradición académica. Reconocer que quería cambiar de rumbo significaba enfrentarse a muchas preguntas, tanto propias como ajenas. Sin embargo, con el tiempo entendió que ignorar esa intuición habría sido mucho más difícil que tomar la decisión de empezar de nuevo.

Por eso, cuando alguien le pregunta qué consejo daría a una persona que está pensando en cambiar de sector o seguir una vocación que todavía le genera dudas, su respuesta es clara.

«Empieza hoy.»

Para Kiya, no se trata de tomar decisiones impulsivas ni de transformar una vida entera de un día para otro. Se trata de dar el primer paso. Investigar una formación, ahorrar para un proyecto futuro, solicitar información o empezar a construir un plan. Cualquier acción es mejor que permanecer inmóvil.

Kiya sabe que el miedo forma parte del proceso porque ella misma lo vivió. También sabe que no existe ninguna garantía de que el siguiente paso vaya a ser perfecto. Pero hay algo de lo que está convencida: quedarse donde uno sabe que no quiere estar termina siendo mucho más doloroso que explorar una nueva posibilidad.

Su propia historia es un ejemplo de ello. Una estudiante que decidió abandonar un camino que no sentía suyo. Una joven que se permitió explorar el mundo antes de encontrar su vocación. Y una profesional que, años después, ha construido una vida que se parece mucho a la que imaginaba cuando llegó a Barcelona.

Quizá por eso su mensaje resulta tan sencillo como poderoso: si hay una voz dentro de ti que lleva tiempo diciendo que existe otro camino, merece la pena escucharla. El resto, se construye cuando das el primer paso.